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Los Hombres de Negro

El periodo de junio del 2017 a marzo del 2018 ha sido por mucho los 9 meses más increíbles y edificantes de mi vida.

Y no, no me fui de viaje por todo el mundo, no conseguí un trabajo de ensueño, ni mucho menos me gané la lotería. No.

Los últimos 9 meses han sido los mejores de mi vida por que estuve en un seminario.

Así es. En junio del 2017 entré al noviciado de los legionarios de Cristo que está ubicado a las afueras de Monterrey, Nuevo León.

Dejándome guiar por lo que Dios fue despertando en mi corazón, ingresé al noviciado de Santa María de la Montaña, y aunque entré con muchas dudas y temores, fue la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Después de este tiempo ahí adentro, pude ver que mi camino no era seguir a Cristo como sacerdote, pero aún así, fue un periodo donde pude encontrarme con Dios y conmigo mismo.

Fue un periodo en donde Dios me permitió comprender muchas verdades sobre la vida, sobre el amor y el propósito mismo de mi existencia. Fue también, un viaje en donde crecí, sanaron muchas heridas interiores que ni siquiera sabía que estaban ahí; hablé con Dios, mejoré mi relación con Él... me encontré con Él, me encontré con su amor.

Dios me llevó al desierto, en donde me soltó de todo, excepto de él.

Soltarse duele, pero también libera, y sobre todo, en esa libertad, Dios te da la capacidad para verte de frente a él, en su amor, y te permite ver quien verdaderamente eres.

Como diría mi buen amigo el Padre Carlos Padilla: "Dios dejó al santo Job sin nada, para que pudiera saber quien era él, y quien era Dios.

Entendí que al dejar entrar a Dios en nuestra vida, es cuando la vida misma toma sentido y todos los anhelos del corazón quedan llenos. Entendí la frase de San Agustín que dice: "Nos hiciste para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti.

Como te digo, fue una experiencia increíble; un viaje que cambió mi vida.

Y dentro de este viaje, de esta aventura, conocí a los hombres de negro.

Vaya, se podría decir, que por 7 meses fui uno de ellos.

Estos hombres han sido una de las manifestaciones más grandes del amor de Dios que he visto en mi vida.

Hombres que han respondido a un llamado que les ha hecho Dios (quien es el Amor mismo) y que han sido llamados para amar sin medida y por completo a todos.

Estos hombres de negro que renunciaron a todo, a poder casarse, enamorarse de una mujer, a tener hijos que lleven su sangre, alcanzar sueños, éxitos profesionales, vaya... renunciaron hacer lo que quisieran cuando quisieran.

Y estos hombres de negro que lejos de ser personas aburridas o amargadas como muchos creerían, son personas llenas de vida, de alegría, de paz interior... personas llenas de felicidad, llenas de Dios

Jamás en toda mi vida, he conocido personas que han impactado tanto en mi vida y que me han inspirado tanto a querer ser mejor persona.

En estos Hombres de Negro pude ver hombres de barro, frágiles, imperfectos, humanos. Hombres que tienen sus días malos, que sienten miedo y frustraciones, que cometen errores y aciertos... hombres como cualquier otro ser humano.

Y por encima de esto, vi hombres revestidos de la gracia y el amor de Dios, hombres que a pesar de sus tropiezos, buscan seguir al crucificado, a ese Dios que vino a su encuentro y los invito a una vida extraordinaria de servicio y amor extraordinarios.